Quizás descubra porque nunca duermo en un lugar público o aun en un medio de transporte. ¿Será que no quiero mostrarme en una posición vulnerable, sin control ninguno, en completa indefensión? Es evidente que no sería victima de un atraco o de un asesinato viajando en un tren. Sin embargo, sería victima de la mirada del otro, de una mirada sin compasión hacia mis rasgos, hacia la expresión de mi cara o de mi cuerpo, al final dejando a la persona el derecho de juzgarme o de fantasear sin vergüenza sobre mí. A decir verdad no necesita que yo duerma, basta un momento de descuido para apropiarse de mí. ¿Quién quiere quitarse la máscara protectora? La máscara que nos ponemos según las situaciones y que define los diferentes papeles en la vida, sin la que regresaremos a la figura del bebé a merced del otro, desnudos, sin poder contar ahora con la benevolencia del otro.