Descubrimiento del Perú: un crisol grandioso de culturas y paisajes

3. El Cañon del Colca

 

Al día siguiente, muy temprano por la mañana, apenas después de la salida del sol, Hermann y su chofer estaban esperándonos en un minibús delante del hotel. Como íbamos a emprender un viaje muy largo hasta el Cañón del Colca y como me faltaba un poco de sueño, subí en el coche de mala gana. Muy rápidamente me impresionó la belleza del campo, la naturaleza intacta que soló permite la vida a las alpacas y a otros camélidos de su especie. En este contexto me instruyó Hermann sobre cómo diferenciar entre la llama, la alpaca, el guanaco y la vicuña fijándome en la envergadura, la patas, las orejas y el pelaje de estos camélidos. ¡Un ejercicio que nunca voy a olvidar! El cansancio se desvaneció, pero de a poco se coló en mi cuerpo el mal de altura, un malestar con dolores de cabeza que nunca había conocido y, a pesar de que mastiqué hojas y pastillas de coca y bebí té de coca continuamente, no me sentí mejor. Por desgracia, este nuevo fenómeno me persiguió durante algunos días todo el tiempo que estuve sobre los 2500 metros.

¡Cuánto me había alegrado la idea de ver al cóndor antes de empezar mi viaje! ¡Y qué triste fue constatar mi decepción! Primero lo vi de cerca, sentado sobre la roca y echándose a volar, me sorprendió y me encantó durante esta fracción de segundo. Unos minutos más tarde estuvimos de pie, arrimadas a la baranda que nos protegía de una caída al cañón, esperando en una línea de turistas que un cóndor apareciera en el horizonte. Uno apareció, se veía como una breve sombra entre los cerros, toda la gente sacó su cámara para captar su vuelo, fracasó o lo logró, yo también. Pero el corazón ya no estaba allí. ¿Porque es una atracción turística? ¿O porque ya había visto al cóndor de muy cerca? ¿O porque se parece al buitre que conozco desde mi infancia? O …. Retrospectivamente diría que fue porque lo vi de lejos, un minúsculo punto volante en medio de los gigantescos bastidores montañosos, y que por otro lado no soporto sentirme turista entre otros turistas.

Volvimos a Arequipa por otra ruta e hicimos una parada para almorzar en un pueblo. Normalmente el guía y el chofer nunca comen con los huéspedes. Esta vez estuvimos los cuatro en una mesa, hablamos de lo divino y de lo humano gozando del momento. Hasta que el chofer me preguntó si estaba soltera. Lo negué y conté por qué no viajaba con mi marido. Seguimos hablando de la vida en pajera, de las mujeres etc.. Sin que pudiera adivinar si estaba jactándose o hablando en serio, contó que estaba comprometido con una mujer de la edad de su hija y que tenía algunos hijos con otras mujeres, y sostuvo una opinión sobre ellas que me pareció abusiva, sinvergüenza y machista. Le sorprendió que gozara de tal libertad de movimiento. ¿Es un modelo de vida común en Suiza?¿Se dejan las pajeras otras libertades? Son preguntas que el chofer hizo, medio bromeando medio captando quizás un signo de apertura, claramente equívoco, de mi parte, mientras seguía diciendo sin ninguna segunda intención que hay probablemente un mejor equilibrio de poder en las pajeras suizas que en las del Perú tanto financieramente como en la consideración intelectual y sexual. Noté que Nicole se había retirado de la conversación, pero no presté atención a este hecho. Por su parte, Hermann había dejado la mesa para ver por algo de comer. Mi comportamiento “irresponsable provocó la primera discordia con mi amiga que me lo reprochó más tarde al cenar en el hotel. Había rebasado los limites de lo permitido con el chofer que estaba a nuestro servicio. ¿Dónde están los limites en una situación como aquella? ¿Que está permitido y que está prohibido? Nunca el chofer expresó intenciones concretas, nunca dirigió la conversación hacia un tema obsceno, nunca me tocó. ¿Habría debido intervenir y parar ese momento de ligereza? Indubitablemente Nicole se había sentido avergonzada por la conversación durante la comida, lo que explica, en mi opinión, su reacción excesiva.

Releyendo mis reflexiones del recorrido me doy cuenta de que muestran dos días de incompatibilidad, que en realidad no me molestaron demasiado.